Isabel la reina
Permítanme hablarles ahora de Isabel la Reina. Al nacer, y ya incluso como bebé, sostenía la cabeza muy alta. La mayoría de ustedes saben que eso es algo insólito. Un niño pequeño tiene los músculos débiles y no puede sostener la cabeza en alto. Pero Isabel así lo hacía. De hecho, Isabel pertenecía a la realeza, y ella lo sabía. El único problema, queridos míos, es que los padres de Isabel no pertenecían a la realeza.
Isabel nació en el seno de un grupo pobre; gradualmente, y a lo largo de los años, eso la encolerizó, pues sabía que ella era alguien especial. Era una princesa, camino de convertirse en reina, pero nada de lo que le rodeaba se hallaba visiblemente de acuerdo con ese sentimiento. Y así, irritaba a los otros niños con su altivez, y más tarde irritó a otros adultos, pues deseaba que las cosas se hicieran de una determinada manera. Es decir, asumía la actitud de una princesa real en una familia pobre. Y, de un modo muy similar a lo ocurrido en la primera historia que les hemos ofrecido sobre María la Estéril, la oportunidad de Isabel llegó a presentarse. Una mujer amiga la llevó un día aparte y le explicó el funcionamiento del Espíritu.
Isabel, al contemplar su propia vida, dijo: «Asumo firmemente la responsabilidad por la forma en que siento..., nacida como princesa sin la familia real. Así pues, ¿cuál es mi misión?», se preguntó. Entonces, se dio cuenta: «Quizá no sea necesario que tuviera una familia real para que sea una reina».
Así pues, Isabel, por su propia cuenta, decidió crearse su posición. Y todo lo que intentó le salió bien. Las oportunidades se le abrieron a medida que avanzaba hacia el liderazgo de su grupo y co-creaba su propia realidad. Al cumplir cuarenta y tres años, Isabel se encontró siendo respetada y admirada por todos. Gracias a sus talentos y a lo que era, había logrado crear su propia realeza. Así pues, el residuo de la vida pasada le había servido una vez más, pero no en la forma en que ella había imaginado que lo haría. La alquimia está clara en esta historia. Pues Isabel había tomado una situación potencialmente decepcionante y gracias a la comprensión y a la iluminación, la convirtió en otra situación apropiada de honor. Y de este modo, es como Isabel se convirtió en Reina.
Ahora, queridos míos, a partir de estas cuatro historias, se puede plantear la siguiente pregunta: «¿Cómo puedo saber la diferencia entre un residuo de la vida pasada y un contrato o una misión?
Pues ambas cosas parecen lo mismo». María la Estéril creyó que iba a ser madre.
Felipe el Pescador creyó que había nacido para pescar, e Isabel pensó que debería haber sido una reina. En cuanto a Juan, sabía con toda seguridad que había nacido para tener abundancia.
Queridos míos, eso es algo muy fácil de saber, y he aquí atributos importantes. Todas las sesiones de planificación del karma, aquellas que están sucediendo en estos mismos momentos para ustedes, giran alrededor de las ventanas de oportunidad que son posibilidades de acción para ustedes, individualmente. Eso quiere decir que han sido planificadas con amor por su iluminación y que aparecen claramente ante ustedes en momentos potentes. Algunas posibilidades suelen abrirse ante ustedes para mostrarles lo que se supone que no deben hacer. Por otro lado, aquellas actividades que prueban y que les salen bien constituyen, evidentemente, sus misiones. Si no conocen la diferencia entre un sentimiento intuitivo celular y una misión, les invitamos a afrontar directamente el desafío de descubrirlo. Algunos de ustedes tienen la sensación de que deberían ser esto o lo otro. Quizá debieran ir aquí o allá, pero no están seguros. Muchos de ustedes tendrán que aventurarse a salir para descubrir la diferencia entre un residuo de una vida pasada y un contrato kármico o misión, pues existe a menudo una línea borrosa entre los dos. Es precisamente esa línea borrosa la que les invita kármicamente a aventurarse para descubrir la diferencia. No teman perder el tiempo o emplear recursos en algo que parezca haber fracasado, pues es posible que eso les conduzca a la verdad. Es esa misma acción o intencionalidad de aventurarse fuera lo que indica al Espíritu que han decidido moverse hacia aquello que ustedes mismos han planeado.
¿Comprenden la ironía de todo esto? Si permanecen sentados y se preocupan y temen acerca de lo que se supone que deben hacer, entonces no sucederá nada. Sólo cuando van más allá de su propio temor y pasan a la acción para descubrirlo, se pone en marcha el «motor» de su lección. A veces, su acción parece tener como resultado el fracaso, pero la verdad es que han descubierto en realidad si el sentimiento es un residuo o una misión. El estúpido es el humano que continúa probando el residuo una y otra vez, porque eso, simplemente, nunca llegará a funcionar.
Así, si Felipe hubiera intentado ser pescador, eso no habría funcionado para él. Hay algo que Felipe nunca llegó a descubrir y que se encontraba oculto en su biología. Si hubiera seguido adelante con sus planes de convertir la pesca en el trabajo de su vida, se habría sentido constantemente enfermo. Esa es otra forma con la que el Espíritu le honró, ayudándole a encontrar su misión. No habría funcionado para él, y de no haber sido por su padre, habría tenido la oportunidad de verlo claramente. En lugar de eso, Felipe consiguió pasar a realizar rápidamente su misión, gracias a que había otro humano que se hallaba a su lado y que había venido para cumplir ese mismo propósito. ¿Se dan cuenta de lo importantes que son los humanos que les rodean para acelerar el cumplimiento de su misión?
El Espíritu no establece ningún juicio sobre si se pasa por el karma o no cuando se llega al otro lado después de haber fracasado aparentemente en una prueba de la vida.
Tal como sucedió en el caso de Juan el Abundante, no hubo ningún juicio, ni siquiera por parte del propio Juan. En lugar de eso, recibió la bienvenida propia de un héroe en el salón del honor, lo mismo que los otros. Es en la propia encarnación donde está el honor. El Espíritu no juzga en ningún momento si se ha aprendido o no la lección.
El honor estriba en recorrer el camino, no en la dirección en la que se ha caminado.
Lee Carroll
Isabel nació en el seno de un grupo pobre; gradualmente, y a lo largo de los años, eso la encolerizó, pues sabía que ella era alguien especial. Era una princesa, camino de convertirse en reina, pero nada de lo que le rodeaba se hallaba visiblemente de acuerdo con ese sentimiento. Y así, irritaba a los otros niños con su altivez, y más tarde irritó a otros adultos, pues deseaba que las cosas se hicieran de una determinada manera. Es decir, asumía la actitud de una princesa real en una familia pobre. Y, de un modo muy similar a lo ocurrido en la primera historia que les hemos ofrecido sobre María la Estéril, la oportunidad de Isabel llegó a presentarse. Una mujer amiga la llevó un día aparte y le explicó el funcionamiento del Espíritu.
Isabel, al contemplar su propia vida, dijo: «Asumo firmemente la responsabilidad por la forma en que siento..., nacida como princesa sin la familia real. Así pues, ¿cuál es mi misión?», se preguntó. Entonces, se dio cuenta: «Quizá no sea necesario que tuviera una familia real para que sea una reina».
Así pues, Isabel, por su propia cuenta, decidió crearse su posición. Y todo lo que intentó le salió bien. Las oportunidades se le abrieron a medida que avanzaba hacia el liderazgo de su grupo y co-creaba su propia realidad. Al cumplir cuarenta y tres años, Isabel se encontró siendo respetada y admirada por todos. Gracias a sus talentos y a lo que era, había logrado crear su propia realeza. Así pues, el residuo de la vida pasada le había servido una vez más, pero no en la forma en que ella había imaginado que lo haría. La alquimia está clara en esta historia. Pues Isabel había tomado una situación potencialmente decepcionante y gracias a la comprensión y a la iluminación, la convirtió en otra situación apropiada de honor. Y de este modo, es como Isabel se convirtió en Reina.
Ahora, queridos míos, a partir de estas cuatro historias, se puede plantear la siguiente pregunta: «¿Cómo puedo saber la diferencia entre un residuo de la vida pasada y un contrato o una misión?
Pues ambas cosas parecen lo mismo». María la Estéril creyó que iba a ser madre.
Felipe el Pescador creyó que había nacido para pescar, e Isabel pensó que debería haber sido una reina. En cuanto a Juan, sabía con toda seguridad que había nacido para tener abundancia.
Queridos míos, eso es algo muy fácil de saber, y he aquí atributos importantes. Todas las sesiones de planificación del karma, aquellas que están sucediendo en estos mismos momentos para ustedes, giran alrededor de las ventanas de oportunidad que son posibilidades de acción para ustedes, individualmente. Eso quiere decir que han sido planificadas con amor por su iluminación y que aparecen claramente ante ustedes en momentos potentes. Algunas posibilidades suelen abrirse ante ustedes para mostrarles lo que se supone que no deben hacer. Por otro lado, aquellas actividades que prueban y que les salen bien constituyen, evidentemente, sus misiones. Si no conocen la diferencia entre un sentimiento intuitivo celular y una misión, les invitamos a afrontar directamente el desafío de descubrirlo. Algunos de ustedes tienen la sensación de que deberían ser esto o lo otro. Quizá debieran ir aquí o allá, pero no están seguros. Muchos de ustedes tendrán que aventurarse a salir para descubrir la diferencia entre un residuo de una vida pasada y un contrato kármico o misión, pues existe a menudo una línea borrosa entre los dos. Es precisamente esa línea borrosa la que les invita kármicamente a aventurarse para descubrir la diferencia. No teman perder el tiempo o emplear recursos en algo que parezca haber fracasado, pues es posible que eso les conduzca a la verdad. Es esa misma acción o intencionalidad de aventurarse fuera lo que indica al Espíritu que han decidido moverse hacia aquello que ustedes mismos han planeado.
¿Comprenden la ironía de todo esto? Si permanecen sentados y se preocupan y temen acerca de lo que se supone que deben hacer, entonces no sucederá nada. Sólo cuando van más allá de su propio temor y pasan a la acción para descubrirlo, se pone en marcha el «motor» de su lección. A veces, su acción parece tener como resultado el fracaso, pero la verdad es que han descubierto en realidad si el sentimiento es un residuo o una misión. El estúpido es el humano que continúa probando el residuo una y otra vez, porque eso, simplemente, nunca llegará a funcionar.
Así, si Felipe hubiera intentado ser pescador, eso no habría funcionado para él. Hay algo que Felipe nunca llegó a descubrir y que se encontraba oculto en su biología. Si hubiera seguido adelante con sus planes de convertir la pesca en el trabajo de su vida, se habría sentido constantemente enfermo. Esa es otra forma con la que el Espíritu le honró, ayudándole a encontrar su misión. No habría funcionado para él, y de no haber sido por su padre, habría tenido la oportunidad de verlo claramente. En lugar de eso, Felipe consiguió pasar a realizar rápidamente su misión, gracias a que había otro humano que se hallaba a su lado y que había venido para cumplir ese mismo propósito. ¿Se dan cuenta de lo importantes que son los humanos que les rodean para acelerar el cumplimiento de su misión?
El Espíritu no establece ningún juicio sobre si se pasa por el karma o no cuando se llega al otro lado después de haber fracasado aparentemente en una prueba de la vida.
Tal como sucedió en el caso de Juan el Abundante, no hubo ningún juicio, ni siquiera por parte del propio Juan. En lugar de eso, recibió la bienvenida propia de un héroe en el salón del honor, lo mismo que los otros. Es en la propia encarnación donde está el honor. El Espíritu no juzga en ningún momento si se ha aprendido o no la lección.
El honor estriba en recorrer el camino, no en la dirección en la que se ha caminado.
Lee Carroll


0 comentarios:
Post a Comment