Juan el abundante
Hablemos ahora de Juan el Abundante. Cada uno de ustedes conoce a este Juan. Juan nació en este planeta dotado con la capacidad para crear riqueza. Todo aquello que tocaba le hacía más y más rico, y su karma era de hecho que fuese así. Muchos lo miraban y decían: «Tuvo que haber sido una persona exquisita en una vida pasada para tener ahora este karma tan positivo». Pero eso lo decían porque no comprendían en absoluto cuál era la lección que tenía que aprender.
Incluso cuando era un muchacho, Juan se dedicaba a reunir el dinero de otros chicos para hacer esto o aquello..., para prestar un servicio aquí, y realizar un acto allá.
Cuando terminó sus estudios, en un momento en que otros apenas empezaban, Juan ya iniciaba su camino hacia la abundancia. A partir de aquí reunió y amasó una fortuna.
Poseía tanta riqueza que, como individuo, no tenía capacidad para gastarla toda en su período de vida. Aun así, Juan ocupó todo su tiempo en crear más, y se sintió desgraciado. Luego se sintió colérico. Pues Juan no poseía una visión clara de su misión. Le resultaba demasiado fácil crear abundancia. Así pues, se convirtió en una persona irritable, que no hacía más que quejarse. Había quienes ni siquiera deseaban estar en su compañía, de tan enojado como se mostraba siempre. Así pues, los únicos que estaban con él eran aquellos a los que pagaba bien para que estuvieran..., lo que representaba el propio karma de quienes así lo hacían. Finalmente, Juan murió como un hombre desgraciado. Poco después de encontrarse en el otro lado, se dio cuenta de cuál había sido en realidad su lección. Había elegido una de las más difíciles de todas, una lección que fue incapaz de aprender.
Queridos míos, hay escritura que habla de esto, y deseamos decirles esta noche lo que significa y lo que no significa. Pues se han traducido las palabras para que digan:
«Será casi imposible que un hombre rico vea las puertas del cielo». Permitan que el Espíritu les diga lo que eso significa. Es lo siguiente: resulta extremadamente difícil para cualquiera que posea una gran abundancia el alcanzar la iluminación, y esa afirmación se sostiene por sí misma, sin nada que la rodee. Esa fue la lección de Juan. ¿Podía él bajar al planeta, experimentar esta clase de atributo y encontrar a pesar de todo la iluminación? Pues las ventanas de oportunidad de las que dispuso para encontrar la iluminación pasaron ante él muy rápidamente, y él ni siquiera miró a derecha o izquierda. La obtención de su abundancia le mantuvo ocupado por completo.
Algunos han tomado esta escritura y han extrapolado a partir de ella un completo escenario de reglas deficientemente reflexionadas sobre el tema de la abundancia.
Así, dicen: «Lo que el Espíritu quería decir realmente es que no se puede ser rico y alcanzar al mismo tiempo la iluminación». Además, la lógica del pobre continúa diciendo: «Si se tiene riqueza, no se es iluminado». La fase final de este proceso de pensamiento dice: «Para encontrar a Dios, tienes que desprenderte de toda tu riqueza» (que debe entregarse habitualmente a alguna organización dispuesta a recibirla, con el propósito de ayudarle a desembarazarse de esta carga espiritual). «Sólo entonces se puede alcanzar la iluminación.» Estos mismos individuos (empeorando las cosas) han equiparado el ser pobre con el ser iluminado. Créanme, queridos míos, que eso no es así. Les pedimos que vean el sentido común que hay en todo esto. Les hemos dicho antes que deseamos que tengan abundancia. En otras canalizaciones les hemos llevado a viajes en los que han abierto la puerta que permiten el acceso a las salas interiores de su vida espiritual, y una de ellas está siempre llena, hasta el techo, de cosas maravillosas, de oro y riquezas. ¿Por qué les íbamos a mostrar estas cosas, invitarles a co-crear su propia realidad, para luego indicarles un postulado que dice que no se puede ser iluminado y tener abundancia al mismo tiempo? La razón es la siguiente: Se puede ser totalmente iluminado y tener una abundancia sin límites. La parte difícil de este atributo es simplemente que uno que ha nacido en este planeta con la capacidad para crear abundancia posee fácilmente un karma extremadamente pesado. ¿Se volverá esa persona a mirar su lado espiritual y alcanzará la iluminación? En otras palabras, la distracción que se produce es casi insuperable.
Esa es la amplitud de la situación. Todos ustedes son invitados a alcanzar la abundancia, todos y cada uno de ustedes. La escritura es, simplemente, una afirmación de dificultad, y una advertencia para que lleven cuidado con ello. Para alcanzar la iluminación y la riqueza terrenal al mismo tiempo se exige poseer un gran equilibrio y una verdadera sublimación del ego. Estos atributos no se encuentran juntos con frecuencia. Cuando se encuentran, se sabe que se ha encontrado un alma muy antigua.
¡Bendito sea aquel que conoce a Dios y tiene abundancia!
Lee Carroll
Incluso cuando era un muchacho, Juan se dedicaba a reunir el dinero de otros chicos para hacer esto o aquello..., para prestar un servicio aquí, y realizar un acto allá.
Cuando terminó sus estudios, en un momento en que otros apenas empezaban, Juan ya iniciaba su camino hacia la abundancia. A partir de aquí reunió y amasó una fortuna.
Poseía tanta riqueza que, como individuo, no tenía capacidad para gastarla toda en su período de vida. Aun así, Juan ocupó todo su tiempo en crear más, y se sintió desgraciado. Luego se sintió colérico. Pues Juan no poseía una visión clara de su misión. Le resultaba demasiado fácil crear abundancia. Así pues, se convirtió en una persona irritable, que no hacía más que quejarse. Había quienes ni siquiera deseaban estar en su compañía, de tan enojado como se mostraba siempre. Así pues, los únicos que estaban con él eran aquellos a los que pagaba bien para que estuvieran..., lo que representaba el propio karma de quienes así lo hacían. Finalmente, Juan murió como un hombre desgraciado. Poco después de encontrarse en el otro lado, se dio cuenta de cuál había sido en realidad su lección. Había elegido una de las más difíciles de todas, una lección que fue incapaz de aprender.
Queridos míos, hay escritura que habla de esto, y deseamos decirles esta noche lo que significa y lo que no significa. Pues se han traducido las palabras para que digan:
«Será casi imposible que un hombre rico vea las puertas del cielo». Permitan que el Espíritu les diga lo que eso significa. Es lo siguiente: resulta extremadamente difícil para cualquiera que posea una gran abundancia el alcanzar la iluminación, y esa afirmación se sostiene por sí misma, sin nada que la rodee. Esa fue la lección de Juan. ¿Podía él bajar al planeta, experimentar esta clase de atributo y encontrar a pesar de todo la iluminación? Pues las ventanas de oportunidad de las que dispuso para encontrar la iluminación pasaron ante él muy rápidamente, y él ni siquiera miró a derecha o izquierda. La obtención de su abundancia le mantuvo ocupado por completo.
Algunos han tomado esta escritura y han extrapolado a partir de ella un completo escenario de reglas deficientemente reflexionadas sobre el tema de la abundancia.
Así, dicen: «Lo que el Espíritu quería decir realmente es que no se puede ser rico y alcanzar al mismo tiempo la iluminación». Además, la lógica del pobre continúa diciendo: «Si se tiene riqueza, no se es iluminado». La fase final de este proceso de pensamiento dice: «Para encontrar a Dios, tienes que desprenderte de toda tu riqueza» (que debe entregarse habitualmente a alguna organización dispuesta a recibirla, con el propósito de ayudarle a desembarazarse de esta carga espiritual). «Sólo entonces se puede alcanzar la iluminación.» Estos mismos individuos (empeorando las cosas) han equiparado el ser pobre con el ser iluminado. Créanme, queridos míos, que eso no es así. Les pedimos que vean el sentido común que hay en todo esto. Les hemos dicho antes que deseamos que tengan abundancia. En otras canalizaciones les hemos llevado a viajes en los que han abierto la puerta que permiten el acceso a las salas interiores de su vida espiritual, y una de ellas está siempre llena, hasta el techo, de cosas maravillosas, de oro y riquezas. ¿Por qué les íbamos a mostrar estas cosas, invitarles a co-crear su propia realidad, para luego indicarles un postulado que dice que no se puede ser iluminado y tener abundancia al mismo tiempo? La razón es la siguiente: Se puede ser totalmente iluminado y tener una abundancia sin límites. La parte difícil de este atributo es simplemente que uno que ha nacido en este planeta con la capacidad para crear abundancia posee fácilmente un karma extremadamente pesado. ¿Se volverá esa persona a mirar su lado espiritual y alcanzará la iluminación? En otras palabras, la distracción que se produce es casi insuperable.
Esa es la amplitud de la situación. Todos ustedes son invitados a alcanzar la abundancia, todos y cada uno de ustedes. La escritura es, simplemente, una afirmación de dificultad, y una advertencia para que lleven cuidado con ello. Para alcanzar la iluminación y la riqueza terrenal al mismo tiempo se exige poseer un gran equilibrio y una verdadera sublimación del ego. Estos atributos no se encuentran juntos con frecuencia. Cuando se encuentran, se sabe que se ha encontrado un alma muy antigua.
¡Bendito sea aquel que conoce a Dios y tiene abundancia!
Lee Carroll


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