Wednesday, February 11, 2009

Juan el sanador

Juan el sanador era un hombre espiritual. Tenía una consulta maravillosa y comprendía muy bien su ciencia. Eran muchos los que acudían a verle y eran curados; sin embargo, siempre había unos pocos que no eran curados. Pero Juan empezaba a sentirse incómodo, pues la nueva energía estaba sobre él, y sabía que la Nueva Era había llegado. Juan se sentía incómodo por una serie de razones. La principal era el hecho de que su práctica de sanación no alcanzara tanto éxito ante sus propios ojos como había alcanzado hasta entonces. En otras palabras, no se sentía en paz consigo mismo.

Estaba alcanzando cada vez menos curaciones. Eso hizo que Juan se planteara la pregunta de si debería ser un sanador o no.

Vemos a Juan sentado, meditando, pues era un poderoso mediador. Eso guiaba su vida, pues comprendía la comunicación con el Espíritu y escuchaba intensamente lo que decía el Espíritu.

Eso siempre había funcionado antes, y sabía que volvería a funcionar.

Ahora, les vamos a permitir asistir a la conversación entre Juan, sus guías y su sí mismo superior, ya que eso les iluminará.

En cuanto Juan se sentó, sus guías le dijeron: «¡Hola, Juan! ¿Cómo estás?». (Estaban muy familiarizados con él y eran guías amistosos, como lo son todos.) Momentos más tarde, Juan estaba preparado. Mantenía los pies en la posición correcta. Miraba hacia el norte. Tenía las manos levantadas. Sostenía la cabeza en la posición adecuada.

«Oh, Espíritu», empezó a decir, y sus guías lo interrumpieron: «¡Hola, Juan! ¿Cómo estás?».

Juan dijo: «Necesito ayuda. Nada está funcionando», y citó por su nombre a los humanos que habían acudido a su consulta curativa. Preguntó: «¿Qué sucede con este?

Llevo trabajando en su espalda desde hace mucho tiempo, pero no ha habido ningún cambio.

Ruego que se me brinde ayuda en este caso. Que se cure a esta persona. Que se permita que suceda..., que se me dé esto... Para hacer estas cosas». Difícilmente sabía lo que tenía que pedir, de tantas peticiones como se le ocurrían. Y el Espíritu le dijo: «¡Oh, Juan, te amamos! Todo el poder que necesitas está aquí, y estamos preparados para ti». Luego, lo rodearon con una oleada increíble de amor, y él supo que se encontraba en presencia del Espíritu.

Juan tuvo la sensación de haber encontrado respuestas, y que las cosas estaban a punto de cambiar. Pero la siguiente ocasión en la que vio al humano con el problema de espalda, se dio cuenta de que su estado no había hecho sino empeorar. Juan hizo todo lo que sabía hacer, pero no consiguió resultados. Volvió a sumirse en la meditación, con los mismos resultados. Se sentó durante largo rato, hasta que tuvo la sensación de hallarse en la posición correcta, y el Espíritu estuvo allí y él sintió el amor de sus guías y el de su sí mismo superior. Ellos le dijeron; «Oh, Juan, te amamos tanto. Eres tan poderoso». Y él volvió a rogar al Espíritu:

«Oh, por favor, muéstrame qué debo hacer en mi consulta». Y así la vida continuó para Juan de esta misma forma.

Juan tenía una hermana. Resultaba casi un insulto añadido a su herida el hecho de que su hermana también tuviera problemas de salud, y que, por lo visto, él no pudiera hacer nada al respecto. Así pues, se sentó con ella y rezó, y le envió energía.

Utilizó su ciencia, las cosas que sabía que funcionaban, pero su hermana no mejoró.

Por lo visto, parecía sentirse agobiada todo el tiempo.

Finalmente, después de transcurrido un tiempo considerable, Juan se sintió harto.

Encolerizado, entró tumultuosamente en su estancia de meditación, se sentó en el diván y exclamó: «¡Ya estoy harto! ¿Dónde estáis?». Y sus guías le dijeron: «¡Hola, Juan! ¿Cómo estás?».

Juan se sintió tan conmocionado, que casi estuvo a punto de caerse: «¿Cómo habéis podido acudir tan rápidamente? Yo todavía no estaba preparado».

«Siempre hemos estado aquí, Juan -le contestaron sus guías-. Nos encontramos a tu lado, incluso en la consulta.»

«Me dijisteis que era poderoso -dijo Juan-. Me ofrecisteis respuestas increíbles. Las sentí en el amor que me enviasteis. Y, sin embargo, no sucede nada. Siento que se me acaba el ingenio. ¿Qué puedo hacer?». Los guías de Juan se situaron frente a él y le contestaron: «Oh, Juan, nos alegra mucho que hayas venido. Escucha, no importa lo bueno que sea el horno, porque la comida nunca quedará preparada hasta que los quemadores se hayan calentado».

Juan, que no era ningún tonto, les dijo: «¿Los quemadores..., soy yo mismo?». A lo que ellos contestaron: «Sí». «¿Qué puedo hacer?», preguntó Juan, y el Espíritu y sus guías contestaron:

«¿Qué es lo que eliges hacer?». Juan contestó: «Deseo cumplir mi contrato». ¡Oh, cuánta conmoción se produjo cuando dijo eso! Pues eso era todo lo que esperaban escuchar de él. En esta ocasión, Juan no especificó qué espalda deseaba curar. No especificó qué deseaba en concreto, o de dónde debería surgir el poder, o qué día debería sentirse mejor. Juan dijo finalmente: «Deseo curación para mí mismo. Deseo cumplir mi contrato. Deseo que mi pasión se realice. Deseo hacer aquello que he venido a hacer». El Espíritu le dijo: «Juan, has tardado mucho en pedir eso. ¡Lo tendrás! Es tuyo, por el simple hecho de haberlo pedido!».

Esa noche, cuando Juan acabó su meditación, se dio cuenta de que las cosas habían cambiado, pues experimentaba una nueva paz. Sabía que las cosas serían diferentes, incluso antes de regresar a la consulta. El Espíritu le había dicho que lo único que tenía que hacer era cuidar de sí mismo y todo lo demás se le daría por añadidura. Al entrar en la consulta, le extrañó que eso hubiera empezado ya a suceder, pues se le ofreció nuevo conocimiento. «Hoy voy a imponer las manos aquí -se dijo a sí mismo-.

Es algo diferente. Nadie me dijo que lo hiciera, pero sé que eso es lo correcto». Los resultados fueron inmediatos. Juan sabía que el Espíritu se encontraba por encima de su hombro, guiñándole el ojo, diciéndole: «Oh, sí, muy bien. Y ahora prueba a hacer esto otro». Juan empezaba a alcanzar resultados como nunca los había logrado hasta entonces. Les dijo a quienes acudieron a verle que se prepararan para ser curados, y realizó ceremonia con ellos incluso antes de tocarlos. Pensaron que se había vuelto loco..., hasta que se vieron curados. Luego, hubo muchos más que acudieron a ver... a Juan, el poderoso sanador.

Y así, Juan acudió a ver a su hermana. Bailó literalmente en la habitación de su hermano, todo resplandeciente, sabiendo que la curación era inminente. ¡Ella vio aumentar su propia luz! Ya no se produjeron más reprimendas y, sin embargo, él ni la había tocado. Le dijo: «Juan, ¿qué ha ocurrido? Me sentía tan preocupada por ti».

Todo se detuvo. Entonces, Juan se dio cuenta de que su propio tormento se había derramado sobre aquellos a los que trataba de curar. «El Espíritu me ha dicho que vas a ser curada», le anunció Juan con amor. Celebró una ceremonia con su hermana, y ella quedó realmente curada porque Juan se había ocupado antes de sí mismo, y su poder y sabiduría se habían visto muy intensificados.

La respuesta a la séptima pregunta, «¿cuál es la clave para convertirse en un sanador poderoso?», consiste en EQUILIBRARSE ANTES A SÍ MISMO. Solicite el cumplir con su contrato. Este equilibrio crea nuevos conocimientos, le permite acceder a nuevas herramientas, y obtener la capacidad para ver si ha cambiado la polaridad. Todos estos dones de la nueva curación son suyos, pero no lo serán mientras no se ocupe antes de sí mismo. Puede parecerle extraño que digamos: «Al meditar a solas, no es necesario ofrecer energía a aquellos a los que va a curar; y, sin embargo, es la verdad, pues su ciencia es su curación. Lo que se hace en la meditación, debería ser para usted mismo». Su contrato como sanador es lo que crea el poder. Cuanto más realizado esté, más fuerte será como sanador. Procure co-crear el matrimonio total con su contrato, y observe qué sucede.

Oh, queridos míos, nos hemos sentado delante de ustedes esta noche, y tanto si se han dado cuenta como si no, hemos sentido mucho respeto por ustedes. La sensación que abruma a mi socio cada vez que esto tiene lugar es la de percibir este «respeto».

¡Que se hayan ofrecido voluntarios para descender a este escenario! ¡Que hayan elegido encontrarse en una biología debilitada, sin saber siquiera quiénes son, ni siquiera el hecho de que son fragmentos de Dios que se hallan ocultos en sí mismos mientras caminan aquí! ¡Haber acordado envejecer, hacerse viejos, morir y regresar! Oh, qué tarea han asumido hacer con su amor.

Les decimos que sabemos quiénes son. Hemos estado presentes en la ceremonia en la que les han sido concedidos sus colores. Esta noche no hay ni uno solo de ustedes que no conozca al Kryon, pues he estado allí, con mis relucientes colores, en la fila, cuando ustedes recibieron los suyos, y nos hemos amado antes los unos a los otros.

Así pues, en este breve momento en el que hemos estado juntos, les invitamos a sentir la presencia del hogar, a saber que la vida tiene propósito, que no están solos. Que esta nueva energía no está aquí para acabar con ustedes en este planeta, y que deseamos que permanezcan con buena salud porque les amamos mucho.

Es cierto que el trabajo a realizar es completamente suyo, y que esa es la razón por la que no les ofrecemos información anticipada de sus lecciones. Pues el trabajo no sería el trabajo si les ofreciéramos todas las cosas por anticipado. Pero los dones son extraordinarios y les decimos con todo amor que se los han ganado.

Mi socio experimenta ahora una sensación de aumento de poder al traducirles que ahora les dejamos. Hay otro hecho que comentar. Esta noche, los padres y los hijos, las madres y las hijas se cruzarán los unos con los otros en los pasillos de fuera y ni siquiera sabrán que en otro tiempo estuvieron emparentados. ¡Oh, cuánto amor necesitan ustedes para hacer esto! ¿No es acaso maravilloso que el Universo les ame como lo hace? Oh, esta Tierra es un lugar especial. Este es un sitio especial.

Algunos de ustedes se alejarán de este lugar y vibrarán con la energía durante días.

Los invitamos a que lo hagan así. No hay nada erróneo en ustedes. Simplemente, esta noche han sentido el amor del Espíritu.

Y así sea.

The Kryon Writtings
1155 Camino del Mar - # 422
Del Mar, California 92014

Querido Lee!

La Biblia nos advierte en la Revelación acerca de los falsos proyetas que harán cosas extraordinarias y nos seducirán para llevarnos hacia el fin de los tiempos. Es significativo que su primer libro se titule "Los tiempos finales". ¿Cómo podemos saber que no es usted uno de esos falsos profetas?

¿Nos arrojará alguna luz sobre esta advertencia? ¿Qué quería decir, y quiénes son los falsos profetas? ¿Cómo los reconoceremos? (Si es usted uno de ellos, contestará a esta pregunta con una mentira, de modo que seremos engañados de todos modos.)

Gracias.

(Diane Steen - Seattle, Washington)

Lee Carroll

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