María la Estéril
Hablaremos ahora de María la Estéril. Cuando María era una niña muy pequeña, sabía intuitivamente que había nacido para ser madre. Cuando otras niñas pequeñas de su misma edad jugaban con muñecas, lo hacían con una sola muñeca, mientras que María lo hacía con seis. Como pueden comprender, María lo sabía todo sobre los niños. Sabía lo que les hacía felices, y cómo debía educarlos. Fue muy sabia en este aspecto, puesto que ya había sido madre con anterioridad.
Período de vida tras período de vida, María se había dedicado a criar niños. En ocasiones llegó a tener hasta once. María había nacido para ser madre.
A medida que continuó con su vida, María encontró a un hombre que le dijo: «Deseo tener una gran familia». Y María pensó: «Este es el hombre que me conviene». Juntos, hicieron planes y consiguieron una casa grande, como preparación para tener muchos hijos. Pero, desgraciadamente, y a medida que se desplegó la vida, María no tuvo hijos pues, ante su propia conmoción, se descubrió que era estéril. Y todo el conocimiento que poseía sobre los niños no parecía servir para nada. Se sintió angustiada y desecha. Se encolerizó con Dios, y pensó que se le había jugado una mala pasada: llegar a este planeta con tanto conocimiento sobre los niños y, sin embargo, negársele la posibilidad de tenerlos. ¿Su esposo? No duró ni un año, pues al igual que María deseaba tener sus propios hijos biológicos. Deseaba mirarles las manos y los dedos y saber que eran como los suyos, y que la biología de él era la biología de ellos. Así pues, María se quedó sola.
María manifestó su rabia a Dios, pues era espiritualmente conciente y lo sabía. Se le había abierto una ventana de oportunidad para aprender más sobre los sentimientos que abrigaba en su interior. Para ella no tenía sentido que Dios la hubiera engañado de aquel modo, así que buscó respuestas. Dejó de lado su cólera y buscó al Espíritu, y en compañía de otros que le aportaron información, se descubrió a sí misma.
Lo principal que María hizo de modo inmediato y que constituyó la gran diferencia fue el asumir la responsabilidad por lo que le había ocurrido. A través del estudio comprendió que ella misma había planificado lo ocurrido. No comprendió por qué, y seguía llorando en mitad de la noche por los niños perdidos que no iba a tener, pero asumió la responsabilidad por ello. No mucho después de eso, María tuvo una visión y entonces supo cuál era su misión. Pues en su visión observó a otras madres de todo el mundo que leían sus palabras y su sabiduría. Como pueden comprender, se suponía que María debía publicar información sobre la crianza de los niños, y así lo hizo.
Cuando pasó de nuevo a la cueva de la creación y, desde allí, a las aulas de celebración, había escrito un total de siete libros, que se difundieron a nivel planetario. Decenas de miles de madres se beneficiaron del trabajo realizado por María, sus comprensiones y su experiencia.
Retrospectivamente, cuando ya se encontraba del otro lado, María comprendió lo que había sucedido. Oh, sí, había llegado con el conocimiento, el «residuo» de muchas vidas pasadas, pero lo había malinterpretado. Ella estaba destinada a no tener hijos, ya que eso se habría interpuesto en el camino de su verdadera misión. Se necesitó que asumiera la responsabilidad por ser quien era y por los problemas que experimentaba para que se diera la vuelta y comprendiera lo que debía hacer con su conocimiento.
Tengan todo esto en cuenta, pues hay otros de nosotros que les hablarán de ello.
Lee Carroll
Período de vida tras período de vida, María se había dedicado a criar niños. En ocasiones llegó a tener hasta once. María había nacido para ser madre.
A medida que continuó con su vida, María encontró a un hombre que le dijo: «Deseo tener una gran familia». Y María pensó: «Este es el hombre que me conviene». Juntos, hicieron planes y consiguieron una casa grande, como preparación para tener muchos hijos. Pero, desgraciadamente, y a medida que se desplegó la vida, María no tuvo hijos pues, ante su propia conmoción, se descubrió que era estéril. Y todo el conocimiento que poseía sobre los niños no parecía servir para nada. Se sintió angustiada y desecha. Se encolerizó con Dios, y pensó que se le había jugado una mala pasada: llegar a este planeta con tanto conocimiento sobre los niños y, sin embargo, negársele la posibilidad de tenerlos. ¿Su esposo? No duró ni un año, pues al igual que María deseaba tener sus propios hijos biológicos. Deseaba mirarles las manos y los dedos y saber que eran como los suyos, y que la biología de él era la biología de ellos. Así pues, María se quedó sola.
María manifestó su rabia a Dios, pues era espiritualmente conciente y lo sabía. Se le había abierto una ventana de oportunidad para aprender más sobre los sentimientos que abrigaba en su interior. Para ella no tenía sentido que Dios la hubiera engañado de aquel modo, así que buscó respuestas. Dejó de lado su cólera y buscó al Espíritu, y en compañía de otros que le aportaron información, se descubrió a sí misma.
Lo principal que María hizo de modo inmediato y que constituyó la gran diferencia fue el asumir la responsabilidad por lo que le había ocurrido. A través del estudio comprendió que ella misma había planificado lo ocurrido. No comprendió por qué, y seguía llorando en mitad de la noche por los niños perdidos que no iba a tener, pero asumió la responsabilidad por ello. No mucho después de eso, María tuvo una visión y entonces supo cuál era su misión. Pues en su visión observó a otras madres de todo el mundo que leían sus palabras y su sabiduría. Como pueden comprender, se suponía que María debía publicar información sobre la crianza de los niños, y así lo hizo.
Cuando pasó de nuevo a la cueva de la creación y, desde allí, a las aulas de celebración, había escrito un total de siete libros, que se difundieron a nivel planetario. Decenas de miles de madres se beneficiaron del trabajo realizado por María, sus comprensiones y su experiencia.
Retrospectivamente, cuando ya se encontraba del otro lado, María comprendió lo que había sucedido. Oh, sí, había llegado con el conocimiento, el «residuo» de muchas vidas pasadas, pero lo había malinterpretado. Ella estaba destinada a no tener hijos, ya que eso se habría interpuesto en el camino de su verdadera misión. Se necesitó que asumiera la responsabilidad por ser quien era y por los problemas que experimentaba para que se diera la vuelta y comprendiera lo que debía hacer con su conocimiento.
Tengan todo esto en cuenta, pues hay otros de nosotros que les hablarán de ello.
Lee Carroll


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