Sunday, March 1, 2009

Quién y el gran viento

Estos son los aspectos relativos a la acción. Pero esta noche tenemos una cosa más que ofrecerles, algo que tiene que ver con estar en el lugar correcto y el momento adecuado. Pues muchos de ustedes han tenido la sensación de que estar en el lugar correcto y en el momento adecuado significa escapar por completo de todas las cosas que puedan suceder a su alrededor y que les parezcan negativas. Les decimos ahora, queridos míos, que están mal informados. Oh, pero en todo esto interviene mucho amor. Escuchen.

Hemos hablado antes de la entidad individual a la que llamamos Quién. Ahora bien, Quién es un nombre que damos a ese humano que camina sobre el planeta. Quién no tiene la intención de representar a un hombre o a una mujer, pues cuando no están ustedes aquí no son ni lo uno ni lo otro. Pero para el propósito de esta historia y para facilitar la traducción de mi socio, Quién será un hombre. Y el título de esta historia y de este viaje es «Quién y el gran viento».

Quién era un individuo iluminado. Vivía en una isla muy pequeña, junto con otras gentes. Llevaba una buena vida, pues estaba realmente en el camino. Podríamos llamar a Quién un guerrero de la luz, pues de hecho meditaba y seguía al Espíritu. Tenía hijos exquisitos a los que enseñaba la esencia del Espíritu a través de su amor. Quién era muy querido por sus vecinos, pues todos reconocían que se trataba de un buen hombre. Así pues, nos lo encontramos viviendo en la isla, donde Quién decía diariamente: «Oh, Espíritu, te amo. Deseo tanto cumplir con mi contrato, estar en el lugar correcto y en el momento adecuado. Eso es lo que deseo».

A medida que Quién progresó en su vida, año tras año, bajaba diariamente a la playa, y con el sonido del oleaje en sus oídos, se acercaba todo lo que podía al agua y allí se sentaba. Entonces decía: «Oh, Espíritu, sitúame justo allí donde pertenezco. No me importa que eso me aleje de aquí. Deseo estar en mi lugar dulce». Como pueden ver, Quién hacía todo esto correctamente y era muy honrado por ello. Quién también decía: «Y en esta Nueva Era, oh, querido Espíritu, hay algo que realmente me gustaría recibir como don. Sé que hay algunos que nunca lo consiguen, pero si es apropiado, permíteme que vea a mis guías. Aunque sólo sea una vez». Ahora conocen, pues, el funcionamiento interno de la vida de Quién y de su mente. Ese era Quién.

A la isla se acercó una tormenta de una gran ferocidad. Quién se asustó, pues parecía como si aquella tormenta fuera a pasar justo sobre su casa. En cientos de años nunca se había producido una tormenta como esta, pues era realmente grande. A medida que se aproximaba, fueron muchos los que abandonaron la isla. Pero Quién se quedó en ella, sabiendo muy bien que estaría en el lugar correcto y en el momento adecuado, tal y como había co-creado él mismo. Quién esperaba que el viento cambiara milagrosamente de curso en cualquier momento. Pero no fue así.

En lugar de eso, no hizo sino empeorar y empeorar. Todos se encerraron en sus casas, y se les dijo: «No salgan al exterior. Sufrirán daño si lo hacen».

Así pues, la gente se quedó en sus casas y observaron los vientos que llegaban y las aguas que se elevaban. Vieron cómo empezaban a desintegrarse fragmentos de sus casas, y experimentaron mucho temor. Pero Quién guardó silencio. Ya no hablaba más con el Espíritu, porque se sentía enojado con él. De hecho estaba loco, pues tenía la sensación de haber sido traicionado. «He pedido una cosa durante muchos años, y ¿cómo es que cuando llega el momento no la obtengo?», dijo Quién. Y los vientos se hicieron más fuertes, y recorrieron la calle llevándose por delante a las personas. Y entonces anunciaron: «En sus casas ya no están seguros. Suban a estos camiones mientras puedan. Les vamos a evacuar a la escuela, que es un edificio sólido. Allí encontrarán abrigo seguro».

Los grandes camiones recorrieron las calles para recoger a todas las personas de la isla y llevarlas a las diversas escuelas e iglesias. Quién terminó por hallarse en una de las escuelas más grandes, que se encontraba cerca de su casa. Acudió allí junto con muchos de sus vecinos, y todos se miraban entre sí. Observó los rostros que aparecían pálidos y temerosos, pero en los ojos de Quién sólo había cólera contra Dios. Mientras se acurrucaban en el sótano, donde creían estar más a salvo, la energía eléctrica también falló allí, y se quedaron a oscuras. Se sacaron las velas, pero entonces empezó a entrar el agua, y los vientos empezaron a desgarrar la fibra misma del edificio de la escuela. Empezaron a escuchar los gemidos del cemento y de la madera que se resquebrajaban. Se abrazaron los unos a los otros, en la oscuridad, aterrorizados, sin producir ningún sonido.

Entonces, Quién llegó a una conclusión insólita. Se dio cuenta de que no tenía miedo. Se sentía muy encolerizado, pero no tenía miedo. Miró a su alrededor y vio a los que se abrazaban en los pasillos, con el agua hasta los tobillos, helados, sin ningún calor y luz. También observó su terror.

Pues fueron muchos los que aquella noche sintieron que todo el grupo iba a morir. ¿Cómo podía ser de otro modo, si se les había dicho que el ojo del huracán todavía no estaba sobre ellos y que debían esperar algo todavía peor. Si la escuela se desintegraba, seguramente se encontrarían a merced de aquellos elementos, del viento y de la lluvia.

Quién se levantó del lugar donde había estado sentado, sumido de ira. Abrazó a su familia y dijo: «Aquí hay trabajo que hacer. Estaréis a salvo». Miró a sus hijos a los ojos y les dijo: «Mirad, no hay ningún temor en mis ojos, pues se me ha prometido que estaremos a salvo». Luego, Quién se alejó y empezó a ir de un vecino a otro, de un grupo a otro. Les habló de su amor por el Espíritu y les dijo que el Espíritu nunca le había fallado. Les aseguró que estarían a salvo, y les impartió el amor que sólo puede proceder de un ser humano iluminado. Al alejarse de cada grupo, se daba cuenta de que el terror también les abandonaba y que ahora se sentían llenos de esperanza como si se hubiera disipado una nube oscura. Algunos de los grupos empezaron a entonar canciones, de modo que en lugar del más puro terror y del silencio de antes, eso se vio sustituido por el sonido de los cánticos. Algunos de los grupos empezaron a reír mientras contaban historias humorísticas que les habían sucedido en sus vidas, con lo que el temor disminuyó aún más. El terror desapareció.

Quién, mientras iba de un grupo a otro, realizó su trabajo durante toda aquella noche. Y como por una especie de milagro, el ojo de la tormenta nunca llegó hasta ellos. En lugar de eso, la tormenta invirtió su curso y siguió su camino, disminuyendo lentamente de intensidad, en lugar de intensificarse. Así que, aproximadamente cuando Quién terminó de realizar su trabajo, la tormenta ya se había abatido lo suficiente como para que se les diera la noticia de que ya podían regresar a sus casas en los mismos camiones que les habían traído a la escuela. El sol empezaba a salir, y Quién se dio cuenta entonces de que habían permanecido allí toda la noche. Al salir al exterior, comprobaron que los vientos casi habían desaparecido por completo. ¡Qué rápidamente se había retirado la tormenta! Los pájaros volvían a cantar y el sol salía de nuevo, y las gentes regresaron a sus casas. Oh, y algunos de ellos tuvieron mucha pena, pues sus casas habían quedado destruidas. Y, oh, sí, Quién se encontró entre aquellos de sus vecinos que comprobaron que el techo de su casa había desaparecido y que el agua había entrado y les había estropeado muchas cosas.

Durante las semanas que siguieron se inició la reconstrucción, que se llevó a cabo con suavidad.

Lentamente empezó a difundirse una historia por la isla. Como pueden comprender, hubo noticiarios y se contaron historias de lo que había ocurrido aquella noche en la escuela. La gente decía: «Allí estaba ese hombre y sus asociados, que acudieron a nuestro lado en los peores momentos, en plena oscuridad. Nos aseguraron que estaríamos a salvo, y nos ofrecieron esperanza. Brillaban en la oscuridad, llenos de amor, con una actitud pacífica. Trajeron esperanza a nuestra conciencia aterrorizada, y también trajeron consigo el buen humor. Nos ofrecieron canciones y eso nos cambió aquella noche, pues a partir de ese momento ya no tuvimos miedo.

Nuestros hijos fueron los primeros en responder, pues vimos en sus ojos que ya no se sentían aterrorizados, y entonces también nosotros nos relajamos. Ese hombre se llamaba Quién». De eso informó un grupo tras otro, y a Quién, que se sentía azorado, se le pidió que acudiera a una ceremonia en la que se le honraría. Así, de mala gana,
Quién acudió a la ceremonia y escuchó el testimonio de los vecinos acerca de cómo él y sus asociados habían ayudado a todos aquella noche.

Después de la ceremonia. Quién se dirigió a la playa, donde se sentó cerca del agua.
Entonces se dio cuenta de lo que significaba «estar en el lugar correcto y en el momento adecuado». Se dio cuenta de que todas sus oraciones y su capacidad co-creativa como ser humano en la Nueva Era había dado sus frutos en aquellos momentos. Como pueden comprender, Quién había rezado para encontrarse en el lugar correcto y en el momento adecuado, y eso fue exactamente lo que sucedió. Se dio cuenta de que todas sus oraciones habían sido contestadas por completo.

Entonces, Quién se echó a llorar, pues comprendió que una co-creación completa significaba que aquella noche los demás también habían visto a sus guías. Cada grupo de vecinos había visto a tres: Quién y sus «dos asociados». Quién sabía muy bien que se había sumido en la oscuridad él solo para ayudar aquella noche a sus vecinos, o eso es lo que creía.

Aunque Quién no fue conciente de ello, sus guías habían sido vistos con claridad aquella noche.

Sus vecinos los habían descrito, y así, a través de las voces de aquellos a los que ayudó, Quién vio a sus propios guías. Oh, es cierto que perdió su casa, y es cierto que algunas maderas quedaron destruidas, pero el contrato que había acordado cumplir antes de llegar aquí quedó cumplido, y todo lo demás palidecía en comparación con esto. Todas las oraciones co-creativas se habían centrado alrededor de hallarse en el lugar correcto y en el momento adecuado. Quién se dio cuenta de que el Espíritu le había honrado con un milagro completo y pleno de co-creación. Eso cambió su vida, pues descubrió entonces su verdadera pasión, la de ser capaz de aportar paz a las vidas de los demás.

Y a partir de ese momento. Quién supo lo que significaba co-crear y rezar para el cumplimiento de su contrato. Sabía que eso no significaba que se le evitarían todas las pruebas por las que tenía que pasar. No significaba que no estaría presente cuando la tierra se conmocionara. Significaba que estaría en su lugar dulce y que experimentaría una paz completa cuando esas cosas sucedieran. Y que estaría disponible, en ese preciso momento, para ayudar a otros seres humanos.

Así, al regresar ahora a este grupo de humanos sentados delante del Espíritu (y los ojos que leen esta página), les decimos que les amamos muy tiernamente, y que han trabajado ustedes en este ámbito de co-crear su contrato. Pues cuando las cosas parece que son oscuras, eso no es más que una percepción de la oscuridad. En lugar de cólera deberían buscar la visión general y ver el amor que ha habido en el acontecimiento. Cuando algunas cosas aparentemente negativas parezcan estar sucediendo en su vida, mírelas en términos de la visión general, pues es posible que sólo se trate de cosas temporales para dirigirle hacia el lugar correcto en el momento adecuado, cosas que usted mismo contribuyó a establecer en su contrato. Oh, esa es la razón por la que lo llamamos «trabajo», queridos míos. Pues a veces no resulta nada fácil, y puede parecer que lo que se pide de ustedes es demasiado difícil. Descubrirán precisamente lo opuesto, como descubrió Quién. Pues no hay lugar más dulce que el que constituye su pasión y su contrato.

Así, finalmente, les decimos que esta noche, en esta energía, el Espíritu ha hecho mucho. Se han contado historias y se ha presentado información, pero de lo que se trataba era de la energía transmitida a su corazón y a su mente. Cada uno de ustedes es muy tiernamente querido, y lo conocemos por su nombre. Pueden marcharse de este lugar sabiendo que han estado sentados delante del Espíritu, sabiendo que esta noche aquello que consideran como Dios forma parte de sí mismos. Sabiendo que si tuvieran que calificar lo que verdaderamente ha ocurrido esta noche, dirían: «Esta noche he visitado una parte del hogar». Esa es la sensación que tiene cada uno de ustedes cuando penetran en esta energía.

Queridos míos, cuando nos veamos finalmente, y les veré, a ustedes y a su Merkabah, les honraré con nuevos colores. Recordarán esta noche cuando les diga que ya nos hemos visto antes, algo difícil de creer mientras caminan por este planeta sumidos en la biología, pero no por ello menos cierto. Muchos de ustedes descubrirán sus verdades con resultados, a medida que avanzan sus vidas. Tienen permiso y capacitación para decir no al mal que les rodea. Eso es algo que no tiene que formar parte de sus vidas. ¡Abandonen este lugar sintiéndose capacitados! ¡Abandonen este lugar sintiéndose alegres! Sepan que el espíritu les dice que se encuentran en una Nueva Era y que las cosas están mejorando, no empeorando. Espérenlo así. Vívanlo así.
Procuren co-crearlo así. Y el planeta vibrará como nunca lo ha hecho con anterioridad. Oh, cuánto les amamos por eso.

Y así sea.

Lee Carroll

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